La fórmula mágica

       

¿Qué es lo primero que hace una persona cuando consigue trabajo? 
¡Méritos! 
Hace méritos para que el empresario se congratule por la decisión de haberlo contratado. Es decir, trabaja más que lo que le pagan.

      
Pero ¿cuánto le dura esa actitud positiva? Sólo unos meses, hasta que cae en la cuenta que su entorno no hace más méritos y parecen no tener inconveniente alguno. 

¿Qué hace el empresario cuando quiere más rentabilidad? Piensa alguna nueva e ingeniosa manera de incentivar nuevamente a su personal mediante comisiones por ventas, horas extras, premios varios, con lo cual los asalariados vuelven a hacer méritos por un tiempo. 
Quiere que trabajen más que los que les paga, y para eso los incentiva con una parte de las ganancias que seguramente vendrán. 
¿Por cuánto tiempo? 
Sólo unos meses más hasta que el empresario advierte que su personal está ganando más que lo que paga la competencia. Y los incentivos se van licuando debido de infinidad de factores de la economía empresarial que no vale la pena mencionar pero que todos conocemos. 
Y así sobrevive ese terrorífico círculo vicioso que pone al empresario y a su personal en el escalón más bajo de la productividad y de la rentabilidad. 
  
El empresario se termina conformando con la rentabilidad mínima necesaria para no tener que bajar la cortina y los asalariados nunca más generan excedentes, al ver que no los terminan de administrar nunca. 
    
Queda demostrado que el personal no es un costo de producción, no es una materia prima del proceso, es un protagonista del emprendimiento, porque su mayor esfuerzo y el desarrollo de su creatividad, ¡producen ganancias!

 
¡¡Y este injusto sistema asistencialista nos obliga a renegar de los méritos!! 
 
Pero eso no es lo peor.  Lo peor es que más adelante el personal se pone en la vereda de enfrente de su patrón y aprovecha la más mínima insinuación de inescrupulosos leguleyos o de sindicalistas mafiosos para prestarse a maniobras cuasi delictivas que terminan acabando con la empresa. 
 
¿Ésto se puede cambiar? 
¿Quién gana con este sistema de relaciones laborales injusto? 
El empresario pierde rentabilidad y muchas veces pierde hasta su empresa. 
El asalariado pierde la posibilidad de entregar su mejor esfuerzo y desarrollar su creatividad, acobardado por la injusticia y termina en esa pobreza que hoy aqueja a la mitad de la sociedad. 
   
Y si la gran mayoría de la sociedad pierde... ¿ por qué no se modifican las relaciones de producción? 
Los únicos que ganan con la pobreza son los gobiernos populistas que necesitan manipular elecciones para eternizarse en el poder. 
  
Los proactivos decimos que ésto se puede cambiar, y mucho más fácil de lo que parece. 
 
La propuesta del Proyecto Actitud, si bien no es más que una fórmula matemática que restaura la justicia en las relaciones laborales, se les vuelve peligrosa y entonces no encuentra canales de difusión. 
Sólo los periodistas valientes se animan a difundir nuestro atrevimiento. 
Creemos que tenemos la llave para derrotar a la pobreza, y sabemos que ese solo hecho hará caer el sistema económico oscurantista y la doctrina social asistencialista corporativa que nos somete desde hace décadas. 
   
Nuestra propuesta, a los únicos que pone en riesgo es a los falsos políticos 
Por eso es que no tenemos otra alternativa que construir un partido político que motorice la sinergia que todos estamos esperando para salir de la pobreza. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


       

 

©2005-2008  Proyecto Actitud

D i s e ñ o   S e r v i  - W e b

www.proyectoactitud.com

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

Páginas vistas

desde el 3/9/05