Globalización

                    


Las personas estamos dotadas de ciertos incentivos a la acción. Por ello generalmente actuamos para nuestro propio bien o para evitar nuestro mal.

No se trata (como pretenden las actuales doctrinas) de cambiar al ser humano, sino por el contrario, de hacer que los sistemas sociales interpreten cabalmente esos incentivos y los utilicen para lograr armonía, y no para profundizar los conflictos.

Porque la persona común no perseguirá jamás el 'bien' de los otros, sino el 'bien' de cada uno, en cualquier circunstancia y bajo cualquier sistema.

Y esos incentivos a la acción son similares para todos las personas de todos los países. Consecuentemente es posible armonizarlos en la sociedad global.

Esos incentivos se pueden clasificar en cuatro:

Para la mayoría, que son los asalariados, el incentivo es su previsión, es decir un sueldo, una obra social y una jubilación estables para que su familia no tenga sobresaltos
Para los emprendedores, que son diez veces menos, el incentivo es la ganancia de sus emprendimientos, con la cual sus descendientes podrían encarar sus propias empresas
Para los líderes, que son diez veces menos, el incentivo es su prestigio y fama, para ser el ejemplo que impulse a sus seguidores a continuar la lucha.
Y para los místicos, que son diez veces menos, el incentivo es fortalecer el dogma para que cobije a todos sus discípulos.

La calidad de un sistema se evalúa por la mayor o menor armonización de los 'bienes' de 'sus' ciudadanos.
Pero hoy asistimos a una sociedad global, y por lo tanto ni el mejor de los gobiernos nacionales sirve para organizar la sociedad global, porque sólo se ocupa de los 'bienes' de sus propios ciudadanos.
Los que no perteneciésemos a esa nación líder, seríamos siempre 'el otro', y eso es muy grave porque permite que un país se convierta en el policía del mundo global, lo cual a su vez le cuesta su vida.
 
Los de afuera venimos a ocupar el lugar que ocupó el 'otro' en todos los tiempos. El lugar que ocuparon 'los bárbaros' en otros imperios anteriores
 
Urge una organización planetaria. Urge un gobierno global que logre armonizar los objetivos de todas las personas, y que borre los nacionalismos que tantas vidas costaron.
Hoy nadie se explica por qué nos embarcábamos en esa falacia argumental de la guerra, en matar a otras personas para lograr nuestro bien.
Buen síntoma de que algo está por cambiar!

Necesitamos compatibilizar los objetivos a la acción de todos los seres humanos, a menos que esperemos impávidos la extinción de la especie humana.

Y la destrucción no sería por 'culpa' de las potencias actuales sino porque no habremos logrado organizarnos como sociedad global.

Sin embargo, creo que el mundo no se destruirá sino que asistimos al trabajo de parto de una nueva organización de la sociedad global y de un sistema único.

La distribución de las riquezas no será cuestión de incumbencia de los gobiernos, pues cada ciudadano administrará los excedentes que genere.

 

Esta autodistribución parece algo inalcanzable. Sin embargo se lograría mediante un artificio increíblemente sencillo: Los aumentos salariales por productividad deben ser pagados por el Estado, con lo que tributó su patrón por sus Ganancias. Este mecanismo asegurará justicia creciente en las relaciones laborales. 
Basta de nacionalismo
 

 


 

                   

       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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