Necesitamos esa mujer

       

Todo órgano está formado por partículas homogéneas o, como se ha dicho algunas veces, cada todo está hecho de semejantes. 

 
Un pulmón está hecho de pequeños pulmones y un hígado, de hígados infinitamente pequeños. 

 
Para el nuevo sistema económico-social, necesitamos una mujer que lleve consigo el poder y los afectos de un vasto número de hombres. 

 
Alguien que sea Argentina, alguien que sea Latinoamérica: Una Napoleona que domine a los pequeños Napoleones que somos cada uno de nosotros. 
 
En nuestra sociedad persiste ese antagonismo entre emprendedores y asalariados, entre quienes han hecho su fortuna y los que la tienen por hacer. 

 
Entre los intereses del trabajo muerto, es decir el trabajo de las manos y de las mentes que hace tiempo yacen inmóviles en las tumbas y que ahora está constituido por cantidades de dinero o tierras y edificios poseídos por capitalistas incentivados por las ganancias y los intereses del trabajo creativo y esforzado que aspira a la previsibilidad en el futuro. 

El primer género es invasor, confiado en sí mismo, desea tener todos los caminos abiertos a la competencia, son hombres de negocios que aman las ganancias. 

 
El segundo género es tímido, no liberal, odia la innovación, ama la previsión pero reserva para sí la capacidad para los mayores esfuerzos y las mayores creatividades. 
 
Necesitamos alguien profundamente receptivo que compatibilice ambos intereses y que se halle de tal modo situada que llegue a ser como una oficina para toda la inteligencia, el ingenio, el poder y los esfuerzos de toda la población. 

 
Que gane las batallas, que escriba las leyes, que invente nuevos sistemas para medir los méritos, que nivele los Andes, que construya caminos y puentes entre las personas. 

 
Alguien a quien todos los ingenieros, sabios y estadistas la informen. 
 
La naturaleza debe tener participación en todo éxito. Esa mujer ya es necesaria y entonces seguramente ya nació. 

 
Una mujer de piedra y de hierro capaz de trabajar dieciséis o diecisiete horas diarias en este desafío, sin descanso ni alimento, sino cuando sea posible; y con la rapidez y el empuje de una tigresa en acción; una mujer a quien no la estorbe ningún escrúpulo, firme, tenaz, prudente y de tal penetración que no permita que la embauque ni desvíe ninguna pretensión de los demás, sin ningún preconcepto, ningún ardor, ninguna prisa de su parte. 
 
Necesitamos esa mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


       

 

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