¿Quién es el culpable? 
      

Un análisis del IVA y el impuesto a las Ganancias destinado a hacer una propuesta para mejorar la eficiencia en las empresas argentinas y así contribuir al proceso de reactivación económico

 

¿Existe algún culpable de la parálisis que experimenta hoy nuestro país?
          
Hay un sospechoso que desde hace décadas ha estado premiando a los ineficientes y castigando a los eficientes en Argentina. 
   
Alguien que ha estado averiguando quién ha facturado por encima de sus costos para castigarlo, y quién ha facturado por debajo, para premiarlo. 
    
Aunque visto a la ligera, esa actitud podría parecer simpática a quienes consideran que la solidaridad debe ser la base de la organización social, convengamos en que los inversores incentivados por las ganancias y los creativos que generan el crecimiento, pueden haberse sentido muy desalentados con ese mecanismo. Y quizás por ello, de a poco han ido abandonando las inversiones de riesgo y la producción de excedentes para abrazar sólo la supervivencia de la renta.
  
Ilustraré con un ejemplo su 'modus operandi', para que podamos vislumbrar una forma de neutralizar su acción.
      
Ejemplo
  
Supongamos que una empresa paga $1.000 a su personal, $1.000 a sus proveedores y $1.000 para amortización, mantenimiento y renta del capital en producción. Y que logra facturar $3.630. Podríamos considerar que esta empresa está en equilibrio. Porque el estado recaudaría en concepto de IVA acumulado $630 y restarían exactamente $3.000 para absorber todos los costos, incluida la renta del inversor.
  
Si esta empresa se volviera más eficiente, produciendo más con los mismos costos o produciendo lo mismo con menos costos, y alcanzara a facturar por ejemplo $4.840, generaría $1.210 de recursos excedentes. Sobre ellos golpearía el IVA, confiscando $210 adicionales para sí. Cobraría $840 en lugar de $630.
    
Y si, por el contrario, la empresa se volviera ineficiente, desperdiciando recursos humanos, materiales y capital de la sociedad, y sólo lograra facturar, por ejemplo $2.420, generaría un quebranto de $1.210. Y ahí nuevamente intervendría el Estado, absorbiendo $ 210 de ese quebranto que sería responsabilidad exclusiva del empresario, de sus ejecutivos y de su personal. En vez de cobrar $630 de IVA, el Estado sólo le cobraría $420. Y eso sin considerar el innegable hecho de que una empresa a pérdida, evade todo el IVA que le corresponde, o sea que en ese ejemplo el Estado sólo cobraría los $210 que aportaron sus proveedores. 
  
Parece increíble cómo el Estado premia a las empresas ineficientes! Deja de percibir $420 pesos sobre $630 que seguramente le corresponden.
  
¿Y qué pasa en otros países?
  
Como dijimos antes, esto podría parecer lógico a muchos, pero no es lo que hacen los países que gravan toda la facturación con un tax de por ejemplo 6,5%. Esos países recaudan quizás el mismo porcentaje sobre la producción total, pero están libres de ese curioso efecto paralizante. El Estado no interviene, ni castigando al eficiente ni premiando al ineficiente, más que con un 6,5% sobre sus recursos excedentes o sobre sus quebrantos.
  
Para esa tarea existe el Impuesto a las Ganancias que vuelve a gravar los recursos excedentes. En el ejemplo, sobre los $1.000 denominados Ganancia le aplican nuevamente una tasa progresiva que oscila entre el 10 y el 35 % , o sea digamos que en promedio representarían otros $300, totalizando entonces un impuesto de $510 sobre los $1.210 excedentes. Eso sin contar los demás impuestos que inciden sobre la facturación.
  
Así, una empresa que en otros países lograría una rentabilidad del 20% anual, acá en Argentina sólo lograría un 10% anual. Ese es el crimen más grave. Los capitales dejan de invertir en producción, porque no quieren arriesgar mucho y ganar poco, y optan por colocaciones bancarias, originando esta parálisis generalizada que hoy vivimos.
  
Propuesta
  
Sin embargo, contrariamente a lo que se supone, el IVA tiene esa impensada virtud de gravar los excedentes y suavizar las pérdidas. Entonces no deberíamos proponer reemplazarlo por el tax. Podemos ver que sería mucho más conveniente eliminar el Impuesto a las Ganancias, mediante una Ley de Eficiencia, que logre ese resultado sin trauma.
Adviértase que las ganancias no estarán exentas, sino que estarán gravadas con un 21%, porcentaje éste, más que suficente para una economía que desea captar capitales para producción.
Eliminar el Impuesto a las Ganancias asusta un poco porque sabemos que ingresan al fisco aproximadamente $ 9.000 millones anuales en ese concepto. 
Pero para neutralizar el efecto fiscal de esta ley, como contrapartida, se exigiría a las empresas que continúen elaborando sus declaraciones de Ganancias como acostumbran, pero que en vez de depositar los montos correspondientes a anticipos y saldos de declaraciones juradas, los puedan cumplimentar mediante un archivo de facturas B o tickets a Consumidor Final que contengan IVA equivalente a esos depósitos, y que correspondan al mes en que debieron efectuarse los mismos.
  
Efectos
  
Ello logrará inmediatamente aniquilar la evasión de IVA, la cual es del mismo orden que el total de lo recaudado por Ganancias en épocas de actividad. Y lo logrará porque suponemos que para construir ese archivo de tickets, todas las empresas tendrán que solicitar principalmente a su personal, que coleccione los comprobantes de todos sus consumos, incentivándolos con el reintegro de todo o parte del IVA que ellos hubiesen pagado. El empresario ganaría en cualquiera de los casos, aún cuando tuviera que reintegrarles todo lo que antes pagaba de Impuesto a las Ganancias, porque aunque no ganase dinero, lograría que su personal se comprometa fuertemente con los resultados de su empresa, condición ésta indispensable para que exista el incentivo y, consecuentemente para que su personal se ocupe en ser eficiente. 
O sea que un gran porcentaje de la totalidad de los tickets emitidos en cada mes en todo el país, estarían archivados en las empresas. Ello haría que los minoristas deban desistir de vender sin comprobante ante la posibilidad de quedarse sin clientes.
En la actualidad las ganancias representan sólo una fracción de lo normal, fruto de la recesión que aquí se trata de revertir o sea que la eliminación del impuesto no encontraría mejor oportunidad que ésta. Y con el esfuerzo y la creatividad de empresarios y de su personal pondríamos en marcha una valiosísima espiral de eficiencia y crecimiento para ser disfrutada por todos.
   
 
Néstor Enrique González Loza

 

 

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