Un hijo

       

La llegada de un hijo es uno de los mayores milagros de la Creación. 
Pero luego, desde lo más profundo de nuestra alma, un impulso también milagroso nos impele a actuar para que nuestro hijo sea mejor que nosotros. Nos esforzamos toda la vida para eso. 
           

Jamás una planta podría intentar eso para sus hijos. Ni un animal se esforzaría un instante para progresar generación tras generación. 


Pero los seres humanos tenemos esa virtud. Las acciones humanas son las únicas acciones de la creación que generan frutos excedentes. 


No trabajamos sólo para "ganarnos el pan", sino que estamos programados para producir excedentes que posibiliten nuestro progreso, y para administrarlos según nos dicte nuestro albedrío 
La suma de todos esos progresos individuales, ha hecho subir escaloncitos a la humanidad en su ascenso para semejarse cada día un poquito más a Dios. 
 

El hombre día a día se hace más creativo produciendo bienes que no estaban. Lo que no era, comienza a ser.  Ese es el mayor milagro de la Creación. 
       
Este designio se fue cumpliendo hasta que, por el impulso aludido, decidimos producir los bienes en forma industrial.  Allí, la administración de los excedentes dejó de ser individual.  Aparecieron grandes pensadores que intentaron ayudarnos a descubrir la mejor manera de mantener intacta esa voluntad de Dios. 
Smith, Marx, Taylor, las religiones y muchos otros intentaron resolver ese problema. pero, aunque hemos logrado avances en algunos aspectos, estamos dejando de mejorar. 

   
Para colmo, pareciera que Dios no quiere intervenir. Es como si quisiera delegar la resolución de este problema en sus hijos, para probar nuestra madurez. 
Se arriesga a que, por un error de apreciación, regresemos a nuestro status animal, terminando generación tras generación trabajando sólo para alimentarnos y mantenernos  A esta altura de los acontecimientos, la escala de valores se ha desvirtuado, y ya casi ni somos capaces de producir pensadores que resuelvan el problema.  Estamos a punto de regresar a la escala animal. 
   

Un conjuro casi sacrílego no está permitiendo continuar en ascenso. 
Los estados, cual osos predadores, están sistemáticamente comiendo los embriones del crecimiento a los asalariados, que son el 90% de las personas. 
    
Distribución de las personas según su actitud:

        
Asalariados ..................       90     % 
Emprendedores .............    
  9     % 
Líderes.........................        0,9   % 
Místicos........................        0,1   % 
               
Cualquier especie desaparecería, si le comen sus hijos antes de nacer. 
El impuesto a las ganancias, come nuestros embriones antes de nacer. 
Los impuestos al patrimonio o al consumo, en cambio, los utilizan después de nacer, permitiendo su aporte al bien común. 
Las iglesias, conciente o inconcientemente, están permitiendo este sacrilegio, que aborta el mayor milagro de la Creación.
    

  


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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