Un proyecto de Ley de Eficiencia
           

Anteproyecto de Ley de Eficiencia para contrarrestar la falta de competitividad de las empresas, las dificultades en la recaudación de IVA y Ganancias, y otros elementos relevantes. 

  

  
¿Cuáles serían esos incentivos que generan excedentes?
   
Podría decirse que no se valora en su verdadera magnitud el aumento de eficiencia que se logra cuando el recurso humano aporta la fuerza creadora motivada en su necesidad de seguridad y estabilidad, o en su necesidad de progresar individualmente y trascender con bienes materiales más allá de su período vital. Esas son virtudes que pueden verse en acción por ejemplo en aquellos que poseen un medio de producción propio.
Debe destacarse que la mayoría de las personas ligadas al proceso productivo realiza sus acciones casi exclusivamente bajo un importante incentivo o motivación de resultados inmediatos. Debe tenerse en cuenta sin embargo que esos incentivos difieren entre las distintas personas. La necesidad de seguridad y estabilidad es el incentivo en la mayor cantidad de casos, pero la necesidad de resultados y de progreso es el incentivo que se presenta en aquellas personas más valiosas a estos efectos de producir excedentes. 
Una de esas virtudes o incentivos es entonces la 'necesidad de progreso' individual. No es esto lo que muchos consideran una virtud ya que es equivalente a la despreciada 'ambición humana', pero no se alude ahora a esa acepción que se usa normalmente para aludir a la solapada intención de aprovechar de los demás en propio beneficio, sino a la virtud que diferencia a los seres humanos del resto de los seres vivos, y que lo moviliza a grandes sacrificios cuando tiene una clara motivación personal, un directo resultado individual, que sirve de acicate para realizar esfuerzos mayores que los necesarios.
Esas capacidades o necesidades humanas son muy profundas, han logrado sobrevivir a todo tipo de ataques, y han sido además, si se analiza cuidadosamente, los potentes motores del progreso en todo tiempo en que se las ha logrado orientar en una misma dirección.
Investigando un poco más profundo en ellas, se encuentra que la creación humana de recursos consta de dos fases o etapas claramente diferenciadas entre si.
Primero está aquélla en que los recursos que se generan tienen como único objetivo el ser consumidos, quemados, destruidos para poder vivir, y luego está aquélla en que lo que se genera será utilizado para financiar el crecimiento y el progreso del sujeto. Igualmente y por lo anterior, existe una fundamental diferencia entre administrar el consumo de una comunidad, y administrar su crecimiento, porque la creación de recursos para el consumo responde a un instinto de supervivencia, en cambio la otra, la creación de recursos para el crecimiento responde exclusivamente a esas dos necesidades o virtudes humanas a que hicimos referencia anteriormente.
Por ello, la contracción de un ser humano a su trabajo representa para él una obligación pero sólo durante esa primera etapa, y estrictamente en la medida en que logre equilibrar la producción con el consumo, es decir 'su' producción con 'su' consumo. En cambio cuando éste es conciente de que los recursos que está generando son superiores a ese límite, es cuando su contracción al trabajo y a la creatividad en lugar de constituir una obligación, se transforma en un placer, porque comienza a imprimir a su esfuerzo una fuerte motivación de crecimiento. 

    
¿Cómo administrar los excedentes?
    
Quien pretenda administrar los recursos excedentes debe tener en cuenta esa importante realidad, o corre el riesgo conocido de que dichos recursos no se generen más, que se comience a detener la valiosa rueda del crecimiento.
Para que el crecimiento de la sociedad no disminuya, empobreciendo a todos sus componentes, como efectivamente ha sucedido con muchos modelos económicos, es necesario interpretar esa condición humana, es obligación conocer que el crecimiento de las instituciones, de las empresas y de la cosa pública, debe ir siempre precedido por el justo crecimiento de los hombres que lo han hecho posible.
No resulta difícil hacer que las personas acepten que alguien les administre sus obligaciones de producir y sus derechos de consumir, sobre todo teniendo en cuenta que la producción de bienes en forma colectiva redunda en una importante reducción de los esfuerzos. Y es por eso que siempre terminó siendo posible exigir a cada uno que se gane su propio sustento, pero en cambio advertimos que ha sido extremadamente difícil mantener en el tiempo la obligación de producir recursos excedentes para que progrese toda la sociedad.
Y ha resultado aún más difícil administrar justicia con los derechos y obligaciones que emanan del progreso, sobre todo porque ha sido imposible medir las responsabilidades relativas de los distintos sectores de una sociedad en crecimiento.
Luego de estos razonamientos puede proponerse el uso de esta definición para medir esas responsabilidades relativas, con la convicción de que al menos será un paso en la dirección correcta. La propuesta tiene las características necesarias para ser factible, para que su tránsito no sea traumático, y para que se logren poner en marcha nuestras mejores potencialidades orientadas hacia el bien común.

  

 

 

 

 

©2005-2008  Proyecto Actitud

D i s e ñ o   S e r v i  - W e b

www.proyectoactitud.com

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

Páginas vistas

desde el 3/9/05