Un proyecto de Ley de Eficiencia
         

Anteproyecto de Ley de Eficiencia para contrarrestar la falta de competitividad de las empresas, las dificultades en la recaudación de IVA y Ganancias, y otros elementos relevantes. 

   

 
¿Qué antecedentes existen de este sistema?
    
Se puntualizarán por último todas las diferencias que distinguen a este sistema de Bonificaciones por Eficiencia de otros que ya han sido ensayados con diversos resultados.
Con el sistema de 'participación en las utilidades' se diferencia fundamental y conceptualmente porque las bonificaciones no guardan relación alguna con las utilidades de las empresas. Normalmente se utiliza este término 'utilidades' para designar a lo que en este trabajo se considera como la suma de la renta del capital inmovilizado más el monto necesario para la constante reposición de las depreciaciones del patrimonio en explotación. De ese total de utilidades, aquí se considera 'recurso excedente', solamente a la parte de la renta que supera los rendimientos porcentuales normales de cualquier colocación productiva o financiera. Es decir entonces que lo que se participa es sólo ese excedente, con lo cual se desvirtúa el principal ataque que reciben esos sistemas referentes al riesgo que corren los empresarios por tener que participar sus incuestionables derechos al beneficio quedándose sin respaldo para las épocas en que éste disminuya, o por tener que soportar una cogestión en su empresa por parte de algún organismo que intente su descapitalización.
Con el sistema de trabajo a destajo o 'por tantos', también se diferencia sustancialmente, ya que aquí no es posible ir 'licuando' los primeros incentivos económicos con la conocida intención patronal de pretender los mejores rendimientos pagando sólo el costo que tienen los rendimientos normales del personal. Y ello es así porque lo que se mide es el recurso excedente total de la empresa, y no el de algún rubro en particular que muchas veces resulta de fácil manipulación. También se diferencia en que con el presente sistema, se logra incorporar con incentivos por mayor producción a todo el personal de la empresa, y no sólo a aquéllos cuyo trabajo está directamente ligado a un resultado mensurable.
El modelo propuesto respetará el conocido razonamiento que se aplica en los sis-temas como el nuestro: 'a igual trabajo, igual salario', pero por encima de ello se verificará la ecuación: 'a mejor trabajo, mejor salario'. Y ello generará el cambio de actitud de los asalariados, transformando su indiferencia paralizante en energía creadora en su propio beneficio y en el de la empresa toda.
De la concepción de economía social se diferencia fundamentalmente en que aquí se reconoce el derecho que tiene la propiedad privada de generar sus propios excedentes, adjudicando al trabajador sólo una parte del mérito de la producción. Lo aquí propuesto en cambio determina racionalmente la responsabilidad respectiva de propietarios y trabajadores sin discrecionalidad alguna. Por otra parte en esas concepciones sociales, la administración de los excedentes la realiza el Estado, y aquí en cambio el Estado se limitaría a sus funciones dejando que la economía se equilibre respondiendo a sus propias leyes.
Y por último con la concepción de economía de mercado, se asemeja en lo que hace a promover la iniciativa privada de los empresarios, pero aquí además se aprovecha la iniciativa privada de todos los participantes de la producción.
En la economía de mercado, la administración de todos los excedentes es resorte exclusivo de los propietarios de los medios de producción, y aquí en cambio los excedentes generados por los trabajadores podrán ser administrados individualmente por cada uno de ellos.
Existen otros antecedentes del tipo de organización aquí propuesta aunque no alcanzaron a determinar exactamente la forma de distribuir los excedentes entre el capital y el trabajador. Según describe el profesor W.Stanley Jevons de la Universidad de Londres, otro inglés, el matemático Charles Babbage, propuso en el año 1832 que una parte de los salarios del trabajador dependiese de las utilidades del dueño.
Con ese criterio se lograron más adelante hacer arreglos en algunas empresas, según los cuales los capitalistas tomarían primeramente de las utilidades lo bastante a pagar 10 % de interés sobre el capital, además de una suma para contrarrestar la depreciación de la maquinaria. (Véase aquí la semejanza entre el concepto de utili-dad distribuible que salva la renta mínima y la descapitalización por el uso del ca-pital con el que en este escrito hemos denominado 'recursos excedentes', justa-mente para diferenciarlo de aquella utilidad que caracteriza la participación en las ganancias de las empresas).
El provecho restante se dividía entonces en dos partes iguales, una para los dueños y la otra para repartirse entre los trabajadores, proporcionalmente a los totales de salarios que durante el año hubiera recibido cada uno. A esta clase de cooperación se le llamó en su momento Sociedad Industrial, y es parecida a la aquí propuesta, salvo en que ahora la distribución de los excedentes se realizaría teniendo en cuenta la justa responsabilidad relativa que en los mismos hayan tenido los trabajadores y el capital. Pudo ser ésa una de las razones por las que como cuenta el profesor Jevons ni los capitalistas ni los gremios lo quisieron, aunque reconoció que el sistema estaba de acuerdo con los principios de la economía política y sería probablemente adoptado por alguna futura generación.
   
¿Cuál podría ser el punto de partida?
    
Cualquiera sea entonces la situación de la sociedad, podría ser utilizada como un buen punto de partida para la instauración de un sistema como éste, ya que la riqueza que se utilice será creada por el propio sistema apelando a un mejor aprovechamiento de los recursos humanos y materiales, y no redistribuyendo ésta en desmedro de nadie.
Quizás también entre la diversidad de intereses que mueven a los distintos estratos sociales se habría encontrado uno muy importante que les fuera común: El de aumentar la potencialidad conjunta en la explotación racional de los recursos naturales, desactivando de esa manera falsas y desgastadoras antinomias.
Los trabajadores en relación de dependencia valorarán mucho más su papel en la economía, jerarquizando su contribución a la misma y reemplazando las vanas probabilidades de 'salvación' que les ofrece su actual destino por otras mucho más concretas y que dependerán en gran medida de su esfuerzo personal. Además, si bien la legislación laboral que garantiza la dignidad de los trabajadores continuará siendo controlada por los organismos pertinentes desde fuera de cada empresa, lo que efectivamente normará la actividad referida a los excedentes será resorte exclusivo de cada empresa. Esto último contribuirá a asegurar mayor estabilidad económica tanto al empresario como a su personal, y brindará mucha más independencia ante los vaivenes circunstanciales de las administraciones estatales.
Esta propuesta de una Ley de Eficiencia también sería un buen punto de partida porque constituiría un gesto del Estado desde una posición marginal y prescindente, pero como principal interesado en el crecimiento.

  
Néstor Enrique González Loza

 

 

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