Una mina de oro

         

           

 

1- ¿Por qué no deben confiscarse las ganancias de las empresas?


Cuando un emprendedor decide invertir en producción espera lograr que su capital no se desvalorice, y que además rinda por encima de los intereses de una inversión especulativa de bajo riesgo.


En ese punto de equilibrio, podría decirse que su inversión es sustentable, pues podría estar eternamente inmovilizada en ese emprendimiento sin que necesitare buscar una inversión mejor.


Lo que facturase le alcanzaría para pagar las materias primas, los costos del personal y para absorber los "costos" del capital que incluyen el interés, la amortización, el mantenimiento, los seguros y los impuestos para lograr el objetivo señalado.


Si imaginamos por un momento que todas las empresas de un país estuviesen en esta situación de equilibrio, la república también funcionaría sustentablemente, porque la facturación, el consumo y los patrimonios generarían toda la tributación necesaria para mantener el Estado. No existiría el Impuesto a las Ganancias, porque no habría ganancias por más grandes que fuesen las empresas!.


Pero si el mismo capital y el mismo personal de la empresa lograsen producir, por ejemplo, el doble, el emprendedor facturaría el doble, y entonces podría pagar el doble de materias primas pero además generaría excedentes iguales al doble de los costos del personal y del capital.


Y si el capital y el personal produjeron el doble, deviene justo que cobren el doble de lo que les costó producir la producción de equilibrio, es decir el doble de sus propios costos. Porque si así no se hiciera, ese importante incentivo a la acción se vería resentido. Perdería la actitud necesaria para repetir el esfuerzo en una ulterior oportunidad.


Cualquier merma de las ganancias como la que implica una confiscación, apaga la llama del progreso de esa empresa. Las ganancias no deberían confiscarse ni en mínima proporción



2-
¿Por qué la confiscación de ganancias, afecta sólo al personal?


El empresario puede no ver la necesidad de participar a su personal de las ganancias de su empresa, ya que es costumbre pagarles por lo que necesitan y no por lo que hacen.


Y entonces no lo hará, a menos que el Estado lo induzca a ello.
Pero como el mismo Estado le confisca la tercera parte de las ganancias, si se decidiera además participar a su personal, vería afectada la proporcionalidad entre su esfuerzo empresario y la rentabilidad adicional obtenida por su inversión


Es lógico suponer entonces que acepta la confiscación actual porque sabe que se ahorra lo que les correspondía a sus empleados por producir el doble que lo que se esperaba de ellos. Ello demuestra que la confiscación de las ganancias de las empresas sólo afecta al personal de la misma. .



3-
¿Por qué la ley del Impuesto a las Ganancias es inconstitucional?


Habiendo demostrado entonces que cualquier confiscación sobre las ganancias de los emprendimientos afecta pura y exclusivamente a su personal, y atendiendo a que el Art. 14 bis garantiza a los trabajadores la participación en las ganancias de las empresas, la confiscación que se hiciera de las mismas debería ser sólo para garantizar esa proporcionalidad entre el esfuerzo adicional de su personal y la remuneración adicional.


El Estado debería velar por esa proporcionalidad, y como no lo hace, apaga la actitud del personal de todas las empresas. Y ello motiva que la generación de recursos excedentes sea inferior a la que correspondería al mayor esfuerzo evidenciado. Esto genera un déficit económico general que se autoacelera. La ley del Impuesto a las Ganancias malversa esos fondos que pertenecían al asalariado, y entonces vulnera el Art. 14 bis de la Constitución Nacional. Y así se desemboca inevitablemente en la pobreza de la república.

 


Con este alegato, cualquier asalariado privado podría reclamarle al Estado su participación en las ganancias por todos los períodos en que hubiera trabajado en empresas que tributaron Impuesto a las Ganancias.


Y con este alegato, también cualquier emprendedor que hubiera quebrado, podría acusar al Estado de haber sido uno de los causantes debido a su irresponsabilidad en la administración de sus excedentes.

 

Un fallo favorable a nuestra demanda no afectaría las arcas del Estado. Antes bien lo obligaría a reglamentar la Participación en las Ganancias de las Empresas, lo cual traería prosperidad a la república y por ende al Estado.

 

 


 

                   
       

 

 

 

 

   

 

 

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