Miedo al Empleado
Todo emprendimiento está constituido por su capital inmovilizado y por
su personal propio y de terceros.
Cuando logra la producción de equilibrio, es decir que no pierde pero
tampoco gana, factura lo suficiente como para pagar las materias primas
y los costos de ese capital y de ese personal.
Recordemos que el costo del capital, el costo para tenerlo siempre
disponible para el emprendimiento, es la suma de interés, amortización,
mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.
Ahora
bien, imaginemos por un instante que el empresario pudiese reemplazar a
todo su personal propio y de terceros, por máquinas cuyo costo mensual
fuese igual al del personal reemplazado.
En ese hipotético caso, el empresario jamás podría incrementar su
rentabilidad, porque sus "máquinas" tienen un rendimiento constante, lo
que significa que jamás podría lograr ser más rentable.
Sólo se aseguraría no ser menos rentable que ahora, porque evitaría toda
posibilidad de boicot laboral del personal o de su sindicato.
Pero ahora imaginemos lo contrario. ¿Qué pasaría si fuese posible
reemplazar todas sus "máquinas" y demás componentes de su capital, por
personas que costasen lo mismo que el capital que se descartó?
Ahora sí su empresa podría producir más que lo esperado, podría superar
la producción de equilibrio, porque el rendimiento de las personas
depende exclusivamente de su actitud.
Si por ejemplo, lograra producir el doble de la producción de equilibrio
facturaría lo suficiente para comprar el doble de materias primas, pero
además "ganaría" un excedente igual a a la suma de todas las
remuneraciones y accesorios de su personal.
El mérito por trabajar el doble de lo esperado sería sólo de su
personal, porque ese mayor esfuerzo y esa mayor creatividad fueron la
única causa para que se hubiera generado un excedente igual a todas las
remuneraciones y accesorios.
El personal podría entonces cobrar un plus para duplicar su remuneración
habitual.
¿Y qué sucede entonces en una empresa normal, constituida por capital y
personal en diversas proporciones?
Pareciera que el mérito de producir más de lo esperado fuese privativo
de su personal, ya que tiene la discrecionalidad de poner más actitud o
de ajustarse sólo a la producción de equilibrio sin llegar por eso a
defraudar.
Pero veamos más en profundidad.
Es innegable que cuando la producción resulte mayor que la producción de
equilibrio, el personal necesitará utilizar un poco más los bienes de
uso de su patrón, las "máquinas" de su patrón y demás componentes del
capital inmovilizado de la empresa.
Cuando la empresa produzca, por ejemplo, el doble de la producción de
equilibrio, facturará el doble, con lo cual podrá comprar el doble de
materias primas pero además le "sobrará" dinero como para pagar el doble
de lo que cobra habitualmente el dueño por su capital y el doble de lo
que cobra habitualmente el personal propio y de terceros!
Resulta entonces que el personal habría generado el dinero necesario
para cobrar en relación a lo que hiciese y no sólo a lo que necesitase
para venir al otro día a trabajar.
Pero además le habría generado una rentabilidad excepcional al
capital de "su" empresa.
Con lo anterior, acabamos de demostrar que el beneficio empresario
podría adjudicarse proporcionalmente a los costos de capital y trabajo,
y que además sería la forma más conveniente de distribuirlo, pues se
lograría que la rentabilidad fuese sustentablemente creciente.
Acabamos de demostrar además que cuando el Estado confisca el 35% del
beneficio empresario, está privando al personal de la empresa del
principio "siembra, y cosecharás", ya que el patrón no puede
participarlo en las ganancias, porque ya participa al Estado con la
tercera parte de las mismas.
Acabamos de demostrar además que la falta de actitud y compromiso de los
asalariados, esa que hace que resulte muy riesgoso y poco rentable
contratarlos, es causada por esa "curiosa" confiscación del beneficio
empresario.
Y lo peor es que ese miedo a contratar personal, esa sospecha de que sus
objetivos no serán compatibles con los de la empresa es la principal
causa del desempleo, de la pobreza consecuente y de todas sus lacras
sociales.
Es la causa de que los capitales prefieran las colocaciones
especulativas a las productivas.
El impuesto al beneficio empresario es el causante del desempleo.
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