Cae un ídolo
La confiscación de ganancias de las empresas, afecta sólo al personal de
la misma y no a su dueño.
¿Cómo se demuestra eso?
Cuando
un emprendedor decide invertir en producción espera lograr que su
capital no se desvalorice, y que además rinda al menos los intereses de
una inversión especulativa de bajo riesgo.
En ese punto de equilibrio, podría decirse que su inversión es
sustentable, pues podría estar eternamente inmovilizada en ese
emprendimiento sin que necesitare buscar una inversión mejor.
Lo que facturase le alcanzaría para pagar las materias primas, los
costos del personal y para absorber los "costos" del capital que
incluyen ese interés, la amortización, el mantenimiento, los seguros y
los impuestos para lograr el objetivo señalado.
Pero si el mismo capital y el mismo personal de la empresa lograsen
producir, por ejemplo, el doble, el emprendedor facturaría el doble, y
entonces podría pagar el doble de materias primas (como necesitará) pero
además generaría excedentes iguales al doble de los costos del personal
y del capital.
Estos dos últimos montos son "la ganancia de la empresa". No sólo de su
dueño.
Entonces, si el capital y el personal produjeron el doble, deviene justo
que cobren el doble de lo que les costó producir la producción de
equilibrio, es decir el doble de sus propios costos. Porque si así no se
hiciera, ese importante incentivo a la acción se vería resentido.
Ambos (emprendedor y asalariados) perderían la actitud necesaria para
repetir el esfuerzo en una ulterior oportunidad.
El Estado confisca la tercera parte de ese total, indiscriminadamente,
sin imaginar que ése era el dinero que debía cobrar su personal debido
al mayor esfuerzo demostrado por encima de lo esperado.
Hasta se ha establecido que imponer más de una tercera parte de las
ganancias es "confiscatorio", y efectivamente así es. Recién ahí empieza
a afectar al dueño de la empresa.
El empresario no verá jamás la necesidad de participar a su personal de
las ganancias de su empresa, ya que es costumbre pagarles sólo por lo
que necesitan y no por lo que hacen.
Y entonces no lo hará, a menos que el Estado lo induzca a ello.
Incluso, como el mismo Estado le confisca la tercera parte de las
ganancias, si se decidiera además participar a su personal, vería
afectada su proporcionalidad entre su esfuerzo empresario y la
rentabilidad adicional obtenida por su inversión.
Es lógico suponer entonces que acepta la confiscación actual porque
intuye que es dinero que correspondía a sus empleados por producir más
que lo que se esperaba de ellos.
Así se demuestra que la confiscación de las ganancias de las empresas
sólo afecta al personal de la misma.
Nunca a su dueño!
Así cae el principio básico de todos los sistemas económicos actuales.
www.proyectoactitud.com