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Proyecto Actitud
EXPERIENCIAS
INTERNACIONALES
Se puntualizarán todas las diferencias que distinguen a este sistema de
Proyecto Actitud de otros que ya han sido ensayados con diversos
resultados.
Con el sistema de 'participación en las utilidades' se diferencia
fundamental y conceptualmente porque las bonificaciones guardan relativa
relación con las utilidades de las empresas. Normalmente se utiliza este
término 'utilidades' para designar a lo que en este trabajo se considera
como la suma de la renta del capital inmovilizado más el monto necesario
para la constante reposición de las depreciaciones del patrimonio en
explotación. De ese total de utilidades, aquí se considera 'recurso
excedente', solamente a la parte de la renta que supera los rendimientos
porcentuales normales de cualquier colocación productiva o financiera. Es
decir entonces que lo que se participa es sólo ese excedente, con lo cual
se desvirtúa el principal ataque que reciben esos sistemas referentes al
riesgo que corren los empresarios por tener que participar sus
incuestionables derechos al beneficio quedándose sin respaldo para las épocas
en que éste disminuya, o por tener que soportar una cogestión en su
empresa por parte de algún organismo que intente su descapitalización.
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Con el sistema de trabajo a destajo o 'por tantos', también se
diferencia sustancialmente, ya que aquí no es posible ir
'licuando' los primeros incentivos económicos con la conocida
intención patronal de pretender los mejores rendimientos pagando
sólo el costo que tienen los rendimientos normales del personal. Y
ello es así porque lo que se mide es el recurso excedente total de
la empresa, y no el de algún rubro en particular que muchas veces
resulta de fácil manipulación.
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"Relaciones
de producción justas para el nuevo milenio" |
También se
diferencia en que con el presente sistema, se logra incorporar con
incentivos por mayor producción a todo el personal de la empresa, y no sólo
a aquellos cuyo trabajo está directamente ligado a un resultado
mensurable
El modelo propuesto respetará el conocido razonamiento que se aplica en
los sistemas como el nuestro: 'a igual trabajo, igual salario', pero por
encima de ello se verificará la ecuación: 'a mejor trabajo, mejor
salario'. Y ello generará el cambio de actitud de los asalariados,
transformando su indiferencia paralizante en energía creadora en su
propio beneficio y en el de la empresa toda.
De la concepción de economía social se diferencia fundamentalmente en
que aquí se reconoce el derecho que tiene la propiedad privada de generar
sus propios excedentes, adjudicando al trabajador sólo una parte del mérito
de la producción. Lo aquí propuesto determina racionalmente la
responsabilidad respectiva de propietarios y trabajadores sin
discrecionalidad alguna. Por otra parte en esas concepciones sociales, la
administración de los excedentes la realiza el Estado, y aquí en cambio
el Estado se limitaría a sus funciones dejando que la economía se
equilibre respondiendo a sus propias leyes.
Y por último con la concepción de economía de mercado, se asemeja en lo
que hace a promover la iniciativa privada de los empresarios, pero aquí
además se aprovecha la iniciativa privada de todos los participantes de
la producción.
En la economía de mercado, la administración de todos los excedentes es
resorte exclusivo de los propietarios de los medios de producción, y aquí
en cambio los excedentes generados por los trabajadores podrán ser
administrados individualmente por cada uno de ellos.
Existen otros antecedentes del tipo de organización aquí propuesta
aunque no alcanzaron a determinar exactamente la forma de distribuir los
excedentes entre el capital y el trabajador. Según describe el profesor
W. Stanley Jevons de la Universidad de Londres, otro inglés, el matemático
Charles Babbage, propuso en el año 1832 que una parte de los salarios del
trabajador dependiese de las utilidades del dueño.
Con ese criterio se lograron más adelante hacer arreglos en algunas
empresas, según los cuales los capitalistas tomarían primeramente de las
utilidades lo bastante a pagar 10 % de interés sobre el capital, además
de una suma para contrarrestar la depreciación de la maquinaria. (Véase
aquí la semejanza entre el concepto de utilidad distribuible que salva la
renta mínima y la descapitalización por el uso del capital con el que en
este escrito hemos denominado 'recursos excedentes', justamente para
diferenciarlo de aquella utilidad que caracteriza la participación en las
ganancias de las empresas).
El provecho restante se dividía entonces en dos partes iguales, una para
los dueños y la otra para repartirse entre los trabajadores,
proporcionalmente a los totales de salarios que durante el año hubiera
recibido cada uno. A esta clase de cooperación se le llamó en su momento
Sociedad Industrial, y es parecida a la aquí propuesta, salvo en que
ahora la distribución de los excedentes se realizaría teniendo en cuenta
la justa responsabilidad relativa que en los mismos hayan tenido los
trabajadores y el capital. Pudo ser ésa una de las razones por las que
como cuenta el profesor Jevons ni los capitalistas ni los gremios lo
quisieron, aunque reconoció que el sistema estaba de acuerdo con los
principios de la economía política y sería probablemente adoptado por
alguna futura generación.
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