Analicemos en profundidad cuál es la causa del desempleo, esa paradoja.
¿Por
qué la inacción genera pobreza y la pobreza genera inacción?
¿Cómo romper ese círculo vicioso?
¿Cómo hacer para que la pobreza nos ponga en acción?
Veamos la causa profunda del desempleo.
Si a una persona no se le retribuye por el valor de lo que produce, sino
sólo por el valor de lo que necesita para estar disponible para volver
al trabajo al día siguiente, se apagan sus naturales incentivos humanos
a la acción.
Y cuando se apagan esos naturales incentivos, a los emprendedores ya
deja de convenirles contratar personal, y se refugian en emprendimientos
pequeños manejados por sus hijos.
Irónicamente, trabajo sobra.
Para el pequeño y mediano empresario, vemos que trabajo sobra.
Hay mucho por hacer en todas partes. Lo que no hay son empleos, ni
condiciones que resulten atractivas para el empresario.
Hay un desaliento desmesurado para contratar un trabajador.
Las relaciones laborales actuales no les sirven ni al emprendedor ni al
asalariado.
Uno se pregunta entonces por qué nadie habla de modificarlas.
Es que las relaciones laborales han sido diseñadas por la doctrina
social vaticana, y esa doctrina ha sido plasmada también en la Carta
Internacional de los Derechos del Hombre, que tiene obligatoriedad
jurídica en todos los países.
Y su médula consiste justamente en atender a las necesidades de los
asalariados y no al valor de lo que hacen.
Es la tercera postura, que tratando de equidistar de las dos posturas
anteriores, está logrando que todos intenten hacer cada vez menos y
necesitar cada vez más.
Pero si se modificaran las relaciones laborales, los gobiernos y la
estructura sindical perderían sus clientes, así que es lógico que
propuestas como la nuestra sólo puedan ser publicadas en este tipo de
sitios, cuando deberían estar a consideración de la opinión pública.
Los Estados en su falso rol paternalista se empeñan en querer tener bajo
su cobijo la mayor cantidad de fieles servidores, que les garanticen el
sufragio a su turno correspondiente.
El Estado podría decirle al emprendedor:
"Oye, voy a redireccionar una parte de lo que tributas como impuesto al
beneficio empresario y lo depositaré en las cuentas de tu personal
propio y de terceros.
Al Estado le conviene, ya que con un cambio de actitud de los
asalariados no habrá más desempleados ni necesidad de asistencialismo.
Y a tí también te conviene, ya que así podrás tener el doble de
empleados, todos de confianza, ya que su objetivo será parecido al tuyo"
Las inversiones más rentables serán las que necesiten más personal.
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